Nombres desafortunados: falo
Siguiendo con la ya tradicional sección de Microsiervos, Nombres Desafortunados, os dejo una foto de este verano cuando estuve por tierras astures. Paseando por el centro de Oviedo me encontré con esta peculiar inmobiliaria:

Habrá que ver las casas que nos venden…
Vuelta a la vida real
Parecía que no llegaban las vacaciones, luego parecía que no acababan, y cuando no te lo esperas… se acaban. Han sido de mis mejores vacaciones de los últimos años. Teniendo en cuenta que estaba relativamente exento de responsabilidades, sin tener que trabajar ni estudiar. Así que las he disfrutado como un niño pequeño. Hemos podido disfrutar al máximo de una comunidad de la que me enamoré hace 5 años, Asturias. Y visitar Bilbao y algo de los alrededores, que junto con Cantabria se llevaron la menor parte del viaje. Pudimos hacer el descenso del río Sella, visitar el Museo de la Sidra en Nava y beber muuuucha. Disfrutamos de los pequeños pueblos y de los un poco más grandes. De Covadonga, su catedral y su gastronomía. Conversamos con gente fantástica de todas partes. Incluso pudimos practicar nuestro peculiar Ingles con unas Alemanas que conocimos en Bilbao. En definitiva un gran viaje.

El caso es que después de todo el jaleo y el palizón de la vuelta conduciendo, me llama una muy buena amiga Valenciana, que se venia a verme a Sevilla el sábado. Así que habiendo llegado a mi piso a las 5 de la mañana, me acosté a las 7, y me levante a las 9 y media para recogerla en el aeropuerto. Un buen día en plan guiri, visitando el casco antiguo y comiendo en una terraza desde donde se veía la Catedral, la Giralda, al Ayuntamiento y prácticamente todo el centro. Luego a quitarse del calor refrescándose en Isla Mágica hasta las 12 de la noche. Una ducha y a disfrutar de la noche en San José de la Rinconada, mi pueblo. Conseguimos aguantar hasta las de 6 de la mañana, para a las 3 de la tarde nos volviéramos a despedir en el aeropuerto, después de mas de un año sin vernos. Ahora, sinceramente la echo de menos, y eso lo tendré como excusa para ir a Barcelona a verla…
La verdad es que ha sido un fin de semana agotador pero fantástico éste ultimo.
Ahora volver a la realidad y a la rutina. Y empezar a hincar los codos para asentar conocimientos antes de volver a la carrera.
Eso sí, no quiero cerrar este post de vuelta sin agradecer un detalle que me sorprendió gratamente a la vuelta de las vacaciones. Mi humilde blog, había sido uno de los 5 elegidos en Ya está el listo que todo lo sabe para su entrada del BlogDay07 [web del BlogDay]. La verdad es que hablando en plata “me quedé flipado”. Así que desde aquí -aparte de habérselo agradecido en los comentarios- Muchas Gracias Yelqtls. Y pedir disculpas por no hacer un post ese día, pero entendedme, estaba de vacaciones. ![]()
Vacaciones
Por fin un descanso de verdad, por fin podre desconectar, por fin volveré al precioso azul_y_verde…
POR FIN VACACIONES

Mañana salgo, nos vemos a principios de septiembre.
Granada, tierra soñada por mi
El lunes 30 de julio, es decir, este lunes pasado, aprovechando que una gran amiga -asturianina por cierto- estaba en Granada por un campo de trabajo en el que pasó las dos ultimas semanas, hice un viaje relámpago a esta bellísima ciudad. No fue tanto una visita turística a la ciudad de donde tuvo que salir “escopeteao” Boabdil El Chico, sino una visita para pasar el día con Olaya. Tenia unas ganas tremendas de volver a verla y achucharla.
El día comenzó nada menos que a las 5′30 de la mañana, con solo 3 horas de sueño. Una ducha rápida que me despabiló y me alivió el calor que lleva días dando la lata por aquí. A eso de las 6′15 tomé rumbo a Santa Justa en la Bowiemovil, la que aparque frente a la estación al buen recaudo de un “gorrilla” con careto de recién levantado y voz de recién levantado. Un mísero euro me garantizaría la integridad de mi vehículo ¬¬. Para ahorrar dolores de cabeza a la vuelta decidí cerrar la vuelta del viaje al comprar la ida, que ya escarmenté tras varias experiencias no muy gratas.
A las 7′00 puntual como un reloj, y con el sol empezando a abrocharse el cinturón para su viaje diario, partió el tren rumbo a Graná. Por una vez fui previsor: la noche anterior había cargado a mi primo, el N70, con música e incluso algún que otro libro para el viaje (que lujo de móvil) que junto con el periodico que compre antes de salir me hicieron las 3 horas de viaje un poco mas amenas. Preciosos paisajes pude disfrutar por el camino, no es lo mismo viajar en coche que en tren.
Al llegar a Granada pasaron un par de horitas hasta el reencuentro con Olaya. Dos horas que como las tres de viaje me sirvieron para estar conmigo mismo. Desayunar en un bar de barrio en el que todos se conocían excepto yo, pero en el que la gente por su forma de ser, sin querer te hace sentir como un vecino mas. Ver los contrastes de cualquier ciudad a una escala muy particular, contrastes entre ejecutivos trajeados y vagabundos durmiendo en un banco. Contrastes que en toda ciudad turística se ven a lo largo del día mientras caminas por cualquier parte de la ciudad.
Por fin pude de un pedazo de abrazo a Oly en la puerta de una cafetería donde llevaba un rato pasando calor (cuarenta y pico que hacía) con los compañeros del campo de trabajo (calor y eso raro que te entra cuando te tienes que despedir). Unas cocacolas y unas tapas y a dar rienda suelta a las glándulas lacrimales por las sucesivas despedidas. Siempre son duras las despedidas, pero hay que tener presente que se tiene toda una vida para volver a verse.
Una vez llorado todo lo llorable y abrazado lo abrazable, volvíamos a la majestuosa Gran Vía de Colón, desde donde parten infinitas calles que forman un laberinto de tiendas se souvenirs con el sabor mas autentico de los árabes que durante siglos vivieron allí mismo, teterías y tabernas donde poder saborear un fantástico cuscus.
Perdiéndonos en este laberinto pudimos comer el verdadero cuscus, beber un riquísimo té y comprar recuerdos mientras nos alegrábamos la vista con tanto colorido y diversidad. Una muy buena tarde aunque muy calurosa, que tuvo su punto cuasi final en un mirador de la Alhambra donde una fuente de agua cristalina nos refrescó un buen rato. Luego, y ya con menos calor solo nos quedó relajarnos en una heladería escuchando M80 y despedirnos en el autobús que nos llevaba a cada uno al siguiente transporte que nos llevaría a descansar.
Luego un viaje de vuelta, que aunque fuera casi en su totalidad de noche, yo lo hice con gafas de sol, supongo que para estar separado un poco de los demás, para estar solo aunque el vagón estuviera lleno, necesitaba volver a cerrarme en mi mundo y seguir desconectado esas tres horas, que era otro de los motivos del viaje. Y funcionó, me relaje, me dio lugar a pensar y escribir, a leer y escuchar música. Un viaje precioso por el propio trayecto del viaje, por la compañía que tuve en granada, y por lo preciosa que es la ciudad.
Una luna llena roja de verano me acompañó toda la vuelta, ademas del disco nuevo de Sidonie.


